Actualización de las guías de manejo de la enfermedad venosa crónica: ¿Qué se necesita?

20 de Noviembre de 2014

El Dr. Claudio Allegra, MD, del Servicio de Angiología del Hospital San Giovanni de Roma, destaca en este artículo los esfuerzos actuales de la comunidad médica para definir mejor el campo de las enfermedades cardiovasculares, para aclarar la terminología y la nomenclatura anatómica y clínica, para estandarizar las investigaciones, y para introducir nuevos enfoques terapéuticos. El Dr. Allegra es Profesor de la Escuela de Perfeccionamiento en Flebología de la Universidad Pierre Curie-Salpetriere, Past Presidente de la Sociedad Italiana de Angiología y Patología Vascular, Presidente Emérito de la Unión Internacional de Flebología.

Enfermedad Venosa Crónica (ECV) es un trastorno muy prevalente entre las poblaciones de los países occidentales y con el que tanto médicos generales y especialistas tienen que hacer frente. La falta de precisión en la descripción de las enfermedades cardiovasculares (CDV), que inducen dolor, malestar y significativas alteraciones asociadas para la calidad de vida de los pacientes afectados, y en la presentación de los resultados de estudios,  había llevado a conclusiones contradictorias y a una pobre comprensión en el manejo de esta patología venosa.

La rectificación de estos fracasos ha sido el estímulo para los esfuerzos actuales de la comunidad médica para definir mejor el campo de las enfermedades cardiovasculares, para aclarar la terminología y la nomenclatura anatómica y clínica, para estandarizar las investigaciones y para introducir nuevos enfoques terapéuticos, que se destacan en este artículo. Además, a estos importantes requisitos previos para la elaboración de directrices para las enfermedades venosas, se ha reconocido que se necesitan datos adecuados de prevalencia para comprender mejor la magnitud del problema, junto con el conocimiento de los mecanismos subyacentes de las manifestaciones de la enfermedad venosa con el fin de desarrollar terapias apropiadas.

Para la producción de un conjunto de directrices, es obligatorio un consenso universal sobre los instrumentos de evaluación necesarios para medir los cambios inducidos por el tratamiento, ya sea utilizando herramientas generadas por médicos o cuestionarios de pacientes, pero algunas de estas herramientas aún no se han validado. Por último, pero no menos importante, un sistema de clasificación óptima que sea fácilmente entendido por todos los médicos es la principal herramienta necesaria, para que las directrices propuestas sean aceptadas por la comunidad médica.

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